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Después de In a Silent Way y Bitches Brew, Miles Davis ya había roto buena parte de las fronteras que separaban al jazz del rock. Live-Evil, publicado en 1971, lleva esa transformación todavía más lejos: un disco turbulento donde improvisación, funk, electricidad y edición de estudio conviven hasta hacer difícil distinguir dónde termina el concierto y comienza la composición.
Buena parte del material en vivo procede de las actuaciones de Miles en el Cellar Door de Washington D.C. en diciembre de 1970. La formación es extraordinaria: Keith Jarrett en teclados eléctricos, Gary Bartz en saxofón, Michael Henderson en bajo, Jack DeJohnette en batería y Airto Moreira en percusión; además, John McLaughlin se incorporó en una de aquellas noches. El bajo eléctrico repetitivo de Henderson y los teclados distorsionados de Jarrett empujan la música hacia un territorio mucho más cercano al funk y al rock que al jazz acústico con el que Davis había revolucionado el género una década antes.
Pero Live-Evil no es simplemente un álbum en directo. Teo Macero, productor fundamental de esta etapa de Miles, utilizó edición, empalmes y material de estudio para construir el disco como una obra propia. Las extensas “Sivad”, “What I Say” y “Funky Tonk” conviven con composiciones mucho más breves de Hermeto Pascoal, creando deliberadamente un contraste entre violencia eléctrica y momentos de extraña calma.
El título y la portada también forman parte del concepto. El artista Mati Klarwein, responsable asimismo de la célebre cubierta de Bitches Brew, creó dos imágenes complementarias para representar “Live” y “Evil”: vida y muerte, creación y destrucción, dualidades que reflejan perfectamente la tensión interna del álbum.
Live-Evil ocupa un punto crucial en la evolución de Miles Davis. Aquí puede escucharse el puente entre la revolución de Bitches Brew y el funk abrasivo que desembocaría en On the Corner, Agharta y Pangaea. Es también uno de los documentos que mejor demuestra por qué su periodo eléctrico terminó influyendo mucho más allá del jazz: desde el jazz-funk y el fusion hasta el rock experimental, el hip-hop y generaciones posteriores de música electrónica.